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Los inicios en el mundo de los clásicos fueron, como la
mayoría de nosotros, con la restauración de motos
clásicas, entusiasta de los scooter Vespa, decidió dar
el salto y restaurar un coche. Desde un primer momento lo
tuvo claro, tenía que ser un Renault 4CV, seis bigotes,
cuadro orejas, y sobre todo, matricula nacional.
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El coche lo localice en Laredo (Santander) y
desde Toledo me desplacé con un camioncillo a
por él. Imagínense por el Puerto del Escudo en
pleno Febrero y nevando. El coche se encontraba,
como pueden apreciar en las fotos, en un estado
lamentable, daba pena ver al pobre 4/4 así, pero
el cariño que le tomé fue desde el primer
momento. Me costaron unos tres fines de semana
ponerlo en marcha, ya saben, esa obsesión que
tenemos todos de oír el coche, como si así se
resolviera algo, pero por lo menos parecía otra
cosa. El coche estuvo sin moverse unos tres meses,
sólo podía darlo vueltas, no sabia por donde
empezar, las motos era una cosa mucho más
sencilla que ésta, además todo el mundo me
decía que era irrecuperable, pero cabezón de
mí, dije, este coche parecerá salido
de fábrica. |

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Tras informarme bien de cómo era el modelo
original, visitas a ferias y sobre todo, ayuda
del Club en todos los sentidos, se me facilitó
desde éste los libros de despiece y taller para
comenzar la restauración. Como un loco me
dispuse a desmontarlo, por abajo, ahora por
dentro, ahora el motor, esto no sale así, esto
asao, todo ello sí, bien apuntadito y colocado
en unas estanterías que compre para la ocasión.
En cosa de tres fines de semana estaba el coche
en el chasis, preparado para llevar al chapista. |
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Eso fue lo peor, lo vieron hasta tres chapistas, el
primero dijo estas loco, esto no hay quien lo
arregle, tardamos menos en hacerlo nuevo que en repararlo
y bueno, tras una serie de largas, busque otro, uno de
categoría, de los que se dedican a restaurar como
profesión, y bueno, pues sorpresa no del todo, muy
buenas palabras de aquí hacemos y demás, y claro, el
precio os lo imagináis, sobre los 5.000. Por fin,
conseguí que el chapista que me restaura las Vespas se
metiera en faena con él, lo vio, me dio un precio muy
bueno y la misma noche se lió con él, hasta las tres de
la mañana con el coche, después así todos los fines de
semana, fallando alguno claro está, tardó en tenerlo
seis meses. Pero mereció la pena, hizo un trabajo
extraordinario, y acertamos en el color, no es el
original, aunque muy parecido, es el que más nos gustaba
a nosotros.
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