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PostHeaderIcon Restauración Renault Ondine CS-28.298 (1 de 4)

Este coche ha pasado toda su vida en la familia, desde que lo compró mi padre en 1963. Tras muchos años de uso fue arrinconado hasta que un buen día decidí iniciarme con él en la restauración de vehículos clásicos.
Completo y en aparente buen estado, la restauración se anunciaba relativamente sencilla. Eso sí, el motor había acabado lleno de agua (o refrigerante) y un mecánico lo había desmontado tiempo atrás.
Es uno de los primeros Ondine FASA de 4 velocidades que se pusieron a la venta. Todavía llevaba instalación eléctrica de 6 voltios.
Aspecto inicial del coche
En cuanto empecé a examinar el coche me dí cuenta de que desmontarlo prácticamente pieza por pieza y volverlo a montar es algo que solamente puede salir bien si se hace de forma organizada.
En una restauración es normal que pasen varios meses entre el desmontaje y el montaje. Llegado el momento, si no disponemos de los manuales de despiece y reparación del vehículo, es prácticamente imposible tener éxito. Adicionalmente es también necesario etiquetar cuidadosamente cada pieza que se desmonta y muy aconsejable tomar tantas fotografías como se pueda.
Interior antes de la restauración
Antes de emprender la restauración resulta muy aconsejable cerciorarse de que el vehículo puede ser administrativamente rehabilitado y devuelto a la circulación. En esto el Club, una vez más, resulta de gran ayuda al realizar todas las gestiones pertinentes para conseguir la información de la situación administrativa actual del vehículo.
En el caso del Ondine, las placas identificativas y el troquel del número de chasis se encuentran en el maletero.
Localización troquel con número de chasis
Nos las prometíamos muy felices, pero en cuanto retiramos las alfombrillas y destapamos un poco el metal, apareció la desagradable sorpresa.
Importante corrosión en pies acompañante
Una corrosión de este nivel es motivo suficiente para desistir de la restauración de un vehículo, a menos que exista alguna razón de peso para seguir adelante. En mi caso, el valor sentimental pudo más y hubo que asumir esta complicada parte de la recuperación.
Empezó el peregrinaje por talleres de chapa y pintura y ninguno quería hacer el trabajo. Lógicamente, un profesional no puede aceptar un trabajo de este tipo sin cobrar una fortuna.
Sin chapista a la vista, decidimos montar el coche encima de unos caballetes e ir desmontándolo poco a poco. Como el mecánico que intentó repararlo le había sacado el motor, en el desmontaje nos evitamos esa complicación. A cambio, lo que había sido el motor estaba repartido en unas pocas cajas y algún día habría que averiguar dónde iba cada una de las piezas.
Subido en caballetes
Con mucho cuidado, consultando continuamente el manual de despiece y marcando cuidadosamente todas las piezas, etiquetándolas o ambas cosas, procedimos al desmontaje.
Seguimos desmontando hasta dejar solamente el conjunto chasis-carrocería. El óxido había afectado profundamente el lateral derecho y la reconstrucción de buena parte de ese lateral era imprescindible.
Conjunto chasis-carrocería desnudo
En el resto del vehículo había óxido superficial pero el estado general era muy bueno.
A esas alturas había encontrado un taller de chapa y pintura que aceptó reparar y pintar la carrocería, lo cual resultó un alivio inmenso.
Con una máquina de chorrear de lo más sencillo repasamos concienzudamente cada centímetro cuadrado de la carrocería, eliminando el óxido superficial.
Aplicación del chorro de arena a la carrocería
Inmediatamente le aplicamos una capa de imprimación fosfatante para evitar que volviese a oxidarse. El siguiente paso fue trasladarlo al taller de chapa y pintura a la espera de que pudiesen empezar los trabajos de reconstrucción.
La máquina de chorrear siguió dando servicio en la fase de recuperación de las piezas.
Mientras tanto, los trabajos se centraron en la recuperación de las piezas mecánicas. El proceso consiste en el cepillado, lijado o chorreado con arena, aplicación de imprimación fosfatante y, finalmente, pintura epoxy.
Para la clasificación de las piezas y el secado de las diferentes pinturas que se les aplicaban, confeccionamos un "tenderete" con varillas perforadas en las que se colgaban a medida que se pintaban.
El 'tenderete'
 
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